Barvarie (con v corta)

de Matias Alarcón

Ficha Técnica

Autor: Matias Alarcón
Elenco: Matias Alarcón, Alejandra Sierra, Agustín Belloli, Martin Armendariz
Dirección: María Salgado y Matias Alarcón
Producción Ejecutiva: Gisela Parapar
Producción General: Matias Alarcón

Duración aproximada: 50 min.

Sinopsis

En un departamento asfixiado por las deudas y un persistente olor a cloaca, Alberto, un profesor universitario, intenta defender la razón frente a la locura viral de su hijo y el portero del edificio. Pero cuando la ignorancia es recompensada con poder político y el desalojo es inminente, la ética se vuelve un lujo impagable. 

Barvarie, con V corta es una sátira feroz sobre el colapso de la cultura y ese momento límite donde el hambre obliga a la dignidad a rendirse ante la estupidez.

Sinopsis desarrollada

La obra se sitúa en el living de una familia de clase media argentina, donde la convivencia está marcada por el hambre, las deudas y un olor nauseabundo que emana de las cañerías, un aviso físico de la decadencia que ya forma parte de su cotidianeidad. Alberto, un profesor universitario que corrige exámenes con una lapicera roja, intenta defender la «verdad objetiva» y la educación frente al desprecio de su hijo Tomi, quien sostiene que «YouTube enseña más que treinta profesores» y que hechos históricos como el cruce de los Andes son meras manipulaciones mediáticas.

El conflicto se agudiza cuando el portero del edificio, Ramón, se une a Tomi para crear contenido viral. Juntos descubren que, en el mundo de los likes, la convicción en la ignorancia es más poderosa que el conocimiento académico. Mientras tanto, Patricia, la esposa de Alberto, debe lidiar con la falta de pago en la universidad de su marido y la llegada inminente de una orden de desalojo. Cansada de que el «prestigio» no sirva para desayunar, Patricia decide abandonar su rol pasivo para convertirse en proveedora de «insumos para boludos», vendiendo aros de luz y trípodes para alimentar la nueva fiebre digital de su familia.

El clímax de la sátira llega cuando Ramón, el portero, es elegido Intendente de la ciudad gracias a un video viral donde solo sabe decir «¡Sí!» a propuestas absurdas como imprimir dinero para frenar la inflación o cerrar las universidades públicas para reemplazarlas por ChatGPT. Alberto, tras un intento fallido y humillante de combatir la estupidez en las redes sociales, se encuentra acorralado por el hambre y el inminente desalojo.

En una escena final devastadora, Patricia convence a Alberto de que la integridad es un lujo que ya no pueden costear. Alberto, quebrado, acepta trabajar como secretario de Ramón, utilizando su lapicera roja no para educar, sino para «corregir» y avalar las ordenanzas de un gobierno analfabeto. Al admitir que el mundo ya no pertenece a los eruditos sino a la «Barvarie, con V corta», el profesor claudica intelectualmente justo antes de que la estructura física de la casa ceda. La obra cierra con un estruendo pesado: el techo colapsa y, tal como Alberto predice en su grito final, la realidad los termina tapando de mierda

Poética del autor

Barvarie (con v corta) nace como una respuesta visceral y satírica a la degradación de los lazos culturales en la era de la viralidad digital. La obra propone un universo donde la cloaca no es solo una falla de infraestructura en un departamento de clase media, sino una condición moral que asfixia a los personajes y que ya forma parte de su cotidianeidad. La intención fundamental es retratar el colapso de la «civilización» —representada en la educación y la historia objetiva de Alberto— frente a una nueva barbarie que no viene a caballo, sino a través de algoritmos, visualizaciones y teorías conspirativas de TikTok.

El centro del conflicto es la claudicación del pensamiento crítico. Mientras Alberto intenta sostener que la verdad es objetiva, su entorno valida la ignorancia simplemente porque «tiene likes». La estética de la obra busca resaltar este contraste mediante el grotesco visual: personajes que se visten de gala de la cintura para arriba para la cámara, mientras mantienen los pies metidos en bolsas de basura para no tocar la inmundicia que inunda el suelo. Esta «Barbarie Premium» es una fachada iluminada por aros de luz que intenta ocultar una realidad de hambre y desalojos inminentes.

La obra no solo busca burlarse de la estupidez humana, sino exponer cómo la urgencia biológica aniquila la ética. La intención dramatúrgica culmina en el momento en que la integridad intelectual se convierte en un estorbo frente a la necesidad de comer. El autor utiliza el título mismo, con su error ortográfico intencional, para simbolizar la derrota definitiva del protagonista: Alberto termina aceptando la «Barvarie» y usa su lapicera roja no para educar, sino para avalar la corrupción de un gobierno analfabeto. El estruendo final es el remate lógico de una sociedad que elige «ser trending» antes que ser libre, permitiendo que la mierda que tanto intentó ignorar termine, finalmente, por taparla por completo.

Universo y estética

El universo de Barvarie (con v corta) se despliega en la atmósfera asfixiante de un departamento de clase media argentina en plena caída libre, donde el colapso de las cañerías funciona como una metonimia del desmoronamiento moral y cultural de sus habitantes. Es un mundo de posverdad y contrastes violentos, donde la realidad objetiva de los libros ha sido derrotada por el brillo artificial de las redes sociales. La estética de la obra se inscribe en un grotesco digital que resalta la hipocresía de la fachada frente a la miseria: la imagen más potente es la de los personajes vestidos con sacos y corbatas impecables de la cintura para arriba —para la lente del celular— mientras permanecen en calzoncillos y con bolsas de residuos atadas a los pies para no tocar la inmundicia que inunda el suelo.

Visualmente, el espacio es una «estética del naufragio» donde conviven los últimos restos de una intelectualidad derrotada, como la biblioteca y la lapicera roja de Alberto, con la parafernalia de la nueva «barbarie premium»: aros de luz, trípodes improvisados con caños y cajas de iPhones mojadas por las goteras. El ambiente debe percibirse derrotado y «sucio», marcado por manchas de humedad que crecen y un burbujeo constante en las cañerías que actúa como un personaje invisible y amenazante. Los objetos cotidianos se cargan de un simbolismo trágico-cómico: la sopapa se convierte en la lanza de un Quijote académico y la Constitución en un sable inútil ante el pragmatismo del hambre. El universo sensorial se completa con ese «olor a caca profunda» que los personajes terminan por naturalizar, cerrando la obra con una estética del desastre total cuando la estructura física finalmente cede y la realidad, en forma de estruendo y desechos, termina por taparlo todo.

 

Propuesta de escenografía

La propuesta escenográfica de Barvarie (con v corta) pretende materializar visualmente el naufragio de una clase media que se hunde, literal y metafóricamente, en la inmundicia. El espacio se define como un living asfixiante y «derrotado», donde los muebles —una mesa despareja, tres sillas y un sillón hundido— son los restos de una dignidad que ya no se puede sostener. Al inicio, la casa conserva una fachada de normalidad precaria, con Alberto vestido en un traje marrón viejo con parches en los codos y su lapicera roja como último bastión de autoridad pedagógica. Sin embargo, el entorno ya está marcado por el «burbujeo» de las cloacas y una paleta de colores marchitos que vira hacia lo marrón y lo gris.

A medida que la obra avanza, la escenografía sufre una degradación progresiva donde la tecnología y la mugre colonizan el espacio. El living se llena de un contraste grotesco: por un lado, la parafernalia de la «barbarie premium» con aros de luz, trípodes improvisados con caños y cajas de iPhones; por el otro, la defensa desesperada contra el colapso físico, con trapos de piso, baldes y ollas repartidos para recoger las goteras de líquido cloacal. El vestuario narra esta misma caída; los personajes terminan habitando un «grotesco digital» donde visten de la cintura para arriba con saco y corbata para la cámara del celular, mientras permanecen en calzoncillos y con bolsas de residuos atadas a los pies para no tocar la suciedad del suelo.

Hacia el final, la estética es la de una mudanza trágica. El espacio se satura de cajas de cartón mojadas que contienen los restos de una vida —libros viejos, sábanas rotas, cubiertos— amontonadas entre la nueva chatarra tecnológica. Alberto, despojado de su traje y luciendo solo una camiseta sucia y bolsas en los pies, encarna visualmente la capitulación total. La iluminación, que pasa de la luz doméstica a la frialdad azulada de las pantallas y el brillo artificial del aro de luz, termina por resaltar las manchas de humedad que ya cubren el techo. El universo cierra con el colapso físico de la estructura, transformando el hogar en un chiquero inundado donde la realidad termina, finalmente, por tapar cualquier rastro de la antigua civilización.

Público objetivo

1. Educadores, Académicos e Intelectuales

Este es el público que más empatía sentirá con Alberto. La obra retrata la frustración del profesional que ve cómo el conocimiento formal es desplazado por la «información» de redes sociales.

  • Interés: Personas preocupadas por el colapso del sistema educativo y la pérdida de la verdad objetiva frente a teorías conspirativas (como la negación del cruce de los Andes o la llegada a la Luna).
  • Conexión: Sentirán el peso de la frase: «La escuela te enseña a pensar. Sin eso, cualquier boludo te vende humo».

2. Jóvenes y Nativos Digitales (Generación TikTok/YouTube)

Aunque la obra los satiriza a través de Tomi, este público es fundamental porque la estética y el ritmo de la obra les pertenecen.

  • Interés: Usuarios de redes sociales que reconocerán términos como «trending», «likes», «views», «algoritmo» y «hater».
  • Conexión: El público joven se verá reflejado en la tensión entre la búsqueda de una salida económica rápida (ser influencer) y la realidad de un mercado laboral que parece obsoleto («corregiendo exámenes con el estómago vacío»).

3. Público interesado en la Sátira Política y Social

La obra funciona como un espejo deformante de la realidad política actual, donde el populismo digital y la posverdad dominan la agenda.

  • Interés: Espectadores que disfrutan del humor ácido sobre cómo personajes sin formación (como Ramón) llegan al poder mediante la viralización de contenidos vacíos o propuestas absurdas (imprimir dinero para frenar la inflación).
  • Conexión: La obra atrae a quienes critican que el destino de una ciudad esté «en manos de un puñado de imbéciles de TikTok».

4. La Clase Media Argentina (El público del «Grotesco»)

Debido a que la obra está profundamente anclada en la idiosincrasia local, es ideal para el público que consume teatro de autor con fuerte carga social.

  • Interés: Personas que atraviesan o temen la decadencia económica: deudas de alquiler, falta de pago de sueldos y la sensación de que «el prestigio no se desayuna».
  • Conexión: Es una obra para quienes comprenden la angustia de estar «embalando nuestra propia derrota» mientras se intenta mantener una fachada de normalidad.

Resumen del Perfil: El público ideal es aquel que busca una comedia satírica que no solo lo haga reír, sino que lo incomode al mostrarle cómo la estupidez y la necesidad económica pueden terminar «tapándonos de mierda». Es una obra tanto para el que usa la lapicera roja como para el que usa el aro de luz.